Crítica | Bohemian Rhapsody

Bohemian  Rhapsody se caracteriza por resaltar la parte familiar, sentimental, la enfermedad y sobre todo la pasión por la música de Freddie Mercury. También trata los problemas emocionales  que tiene que soportar, que son: la soledad, la antipatía y el egocentrismo, pero que  a la vez se complementan con su genialidad musical y su personalidad divertida.

Sí que es cierto que la película tiene un enfoque comercial ya que prácticamente no se tocan los dos principales aspectos de su vida, que son el sexo y las drogas. Los únicos elementos que escenifican estos aspectos son la relación con su primera novia – Mary Austin- y con el tema de las drogas, una escena en la que se muestra coca en una mesa después de una noche de fiesta.

Por lo tanto, la película se ha centrado en resaltar las etapas de “inspiración musical” y el “camino del éxito” complementado con los tormentos y sentimientos que se apoderan del protagonista. Creando una visión superficial de lo que realmente fue su vida, obteniendo una película de carácter comercial con la intención de que agrade a los fans de Queen, evitando y eliminando partes significativas de su vida, que fueron las más “desagradables”.

Por otra parte, Rami Malek, el actor que representa a Freddie Mercury, está muy a la altura del papel. Sin duda, es un fenómeno en el espectáculo. Especialmente domina la gestualidad del personaje, imitando  muy bien las miradas de cariño, desesperación y confusión.

Otro punto a favor bastante remarcable son los efectos musicales. La música se ha colocado y ha encajado de tal manera que la percepción de autenticidad es muy alta. Especialmente al final de la película, en el concierto de Wembley, donde  el conjunto crea una atmósfera muy emotiva.

 

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